Las principales escuelas de mediación y su aplicación en el contexto educativo

María Galán García — Crimieducativa

3/29/20264 min read

worm's-eye view photography of concrete building
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La mediación no responde a un único modelo ni a una sola manera de entender el conflicto. A lo largo de las últimas décadas han surgido distintas escuelas que ofrecen formas diferentes de abordar los conflictos, de entender a las partes implicadas y de definir el papel del mediador. Conocer estas corrientes permite aplicar la mediación de forma más rigurosa, flexible y adaptada al contexto educativo.

Desde una mirada educadora, mediadora y criminológica, es fundamental comprender que ningún modelo es suficiente por sí solo. En el contexto escolar, los conflictos son complejos, dinámicos y profundamente vinculados al desarrollo emocional y social del alumnado. Por ello, la intervención debe adaptarse al momento del conflicto, al tipo de relación y a las necesidades de las personas implicadas.

Escuela tradicional o modelo basado en intereses

La escuela tradicional se asienta en el llamado modelo de negociación basado en intereses, vinculado a los trabajos de Roger Fisher y William Ury. Este enfoque entiende el conflicto como un problema que debe resolverse mediante acuerdos prácticos.

Su objetivo principal es alcanzar soluciones mutuamente beneficiosas. Para ello, el proceso se centra en:

  • Diferenciar entre posiciones e intereses.

  • Identificar necesidades subyacentes.

  • Generar opciones que beneficien a ambas partes.

  • Llegar a acuerdos claros y operativos.

Ejemplo en el ámbito educativo: dos alumnos discuten de forma reiterada por el uso de un espacio común en el aula. A través de este enfoque, se identifican los intereses reales (necesidad de espacio, sensación de invasión, necesidad de reconocimiento) y se construyen acuerdos concretos para compartir el espacio.

Este modelo es especialmente útil en conflictos puntuales, con límites claros y objetivos definidos. Sin embargo, su principal limitación es que puede centrarse demasiado en la solución del problema inmediato, sin abordar las dinámicas relacionales o emocionales que sostienen el conflicto.

Escuela transformativa

La escuela transformativa, desarrollada principalmente por Robert A. Baruch Bush y Joseph P. Folger, plantea que el conflicto es una oportunidad para el crecimiento personal y la mejora de las relaciones.

El foco no está en el acuerdo final, sino en el proceso de cambio que experimentan las partes. Sus ejes centrales son:

  • El empoderamiento de las personas implicadas.

  • El reconocimiento mutuo.

  • El desarrollo de la autonomía y la responsabilidad personal.

Ejemplo en el ámbito educativo: un conflicto persistente entre dos estudiantes que se sienten mutuamente atacados. A través del enfoque transformativo, se trabaja para que ambos comprendan el impacto de sus acciones, reconozcan la perspectiva del otro y recuperen su capacidad de decisión y diálogo.

Desde la perspectiva educativa y criminológica, este enfoque resulta especialmente valioso. Favorece el desarrollo de competencias socioemocionales, previene la cronificación de conflictos y reduce dinámicas de violencia relacional o exclusión.

Escuela circular narrativa

La escuela circular narrativa, asociada a Sara Cobb, parte de una comprensión del conflicto como una construcción basada en relatos, interpretaciones y significados compartidos.

El objetivo no es determinar quién tiene razón, sino comprender cómo las personas construyen sus narrativas sobre el conflicto y cómo esas historias influyen en sus emociones y comportamientos.

Este enfoque se centra en:

  • Analizar las narrativas dominantes.

  • Identificar discursos que sostienen el conflicto.

  • Construir relatos alternativos más funcionales.

  • Favorecer una visión relacional del problema.

Ejemplo en el ámbito educativo: en un caso de exclusión dentro de un grupo de iguales, el problema no reside únicamente en un hecho puntual, sino en narrativas construidas en torno a etiquetas (“siempre hace lo mismo”, “nadie quiere trabajar con él”). Trabajar desde este enfoque permite transformar la historia que sostiene el conflicto y abrir nuevas formas de relación.

Este modelo resulta especialmente útil en conflictos complejos, situaciones de estigmatización, conflictos grupales o dinámicas prolongadas de exclusión.

Otros enfoques menos conocidos

Además de las escuelas más difundidas, existen otras aproximaciones que aportan matices relevantes.

El modelo sistémico entiende el conflicto como un fenómeno relacional que no puede analizarse de forma aislada. Desde esta perspectiva, el conflicto es el resultado de patrones de interacción dentro de un sistema (familia, aula, grupo). En el contexto educativo, este enfoque permite comprender cómo determinadas dinámicas grupales o estructuras organizativas contribuyen a mantener el conflicto.

También destaca el enfoque restaurativo, estrechamente vinculado a la justicia restaurativa. Este modelo se centra en reparar el daño causado, asumir responsabilidades y reconstruir vínculos. En el ámbito escolar, es especialmente útil en casos de conductas disruptivas, agresiones o daños a la convivencia, ya que combina responsabilidad, reparación y reintegración.

¿Qué modelo es más adecuado en el contexto educativo?

No existe una respuesta única. En el ámbito escolar, los conflictos no son estáticos y las necesidades de las personas cambian a lo largo del proceso. Por ello, la práctica profesional requiere flexibilidad y capacidad de adaptación.

En fases iniciales o en conflictos concretos, el enfoque tradicional puede ser útil para ordenar el conflicto y establecer acuerdos básicos. En momentos en los que es necesario trabajar aspectos personales o relacionales más profundos, el enfoque transformativo resulta especialmente pertinente. En conflictos complejos, con componentes identitarios o narrativos, la perspectiva circular narrativa aporta herramientas valiosas.

Desde una mirada educadora, mediadora y criminológica, la clave no está en elegir un único modelo, sino en integrar elementos de cada enfoque según el momento, las personas implicadas y la naturaleza del conflicto.

La mediación en el ámbito educativo requiere una mirada amplia, flexible y rigurosa. Integrar distintas escuelas de mediación permite intervenir de forma más completa, atendiendo no solo a la resolución del conflicto, sino también al desarrollo personal, la prevención de conductas de riesgo y la mejora de las relaciones.

La mediación educativa no es solo una herramienta de gestión de conflictos, sino una oportunidad pedagógica y preventiva que contribuye a construir comunidades educativas más conscientes, responsables y cohesionadas.